smercados

La indiferencia

In Imagen, muerte, poder on 5 julio 2008 at 6:11 pm

Los animales, aislados los unos de los otros y sin ningún tipo de reciprocidad entre las especies, se vuelven profundamente dependientes de sus cuidadores. Y, por consiguiente, la mayoría de sus respuestas se transforman. Lo que constituyó una parte central de sus intereses ha sido sustituido por una pasiva espera. Los acontecimientos que perciben a su alrededor se han vuelto tan ilusorios, en términos de sus respuestas naturales, como los prados pintados al fondo de sus jaulas. Al mismo tiempo, este mismo aislamiento garantiza (por lo general) su longevidad como especímenes y facilita su clasificación taxonómica.

Todo esto es lo que los hace marginales. El espacio que habitan es artificial. De ahí su tendencia a amontonarse en los extremos de éste. (Tal vez, al otro lado de éstos se encuentre el espacio real). En algunas jaulas la luz también es artificial. En todos los casos el entorno es ilusorio. Nada los rodea, salvo su propio aletargamiento o hiperactividad. No tiene sobre qué actuar, excepto, brevemente, los alimentos y, de forma ocasional, la pareja que les es proporcionada para su acoplamiento. (De ahí que sus actos repetitivos devengan actos marginales, sin un objeto). Por último, su dependencia y aislamiento condicionan hasta tal punto sus respuestas que tratan todo lo que sucede a su alrededor —por lo general, delante de ellos, que es donde está el público—, como marginal. (De ahí que se apropien de una actitud por lo demás exclusivamente humana: la indiferencia).

John Berger

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  1. La descripción me recuerda tanto la experiencia que, con frecuencia, se vive en tantas instituciones: la escuela, por ejemplo. Ahora me he podido explicar por qué esa epidemia de “hiperactividad” en la juventud. Es tal la dependencia de una actividad no elegida, que cualquier interés propio se vuelve “marginal” y la relación con la vida de “indiferencia” real.

  2. La indiferencia tiene siempre un caracter retroactivo. Cuando, de pronto, ya no nos interesa una cosa, es como si no nos hubiera importado nunca. La memoria carece de memoria. Y toda actividad pasada se presenta como una farsa bamboleante, una mentira levantada sobre el más estremecedor vacío.

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